Extravios
Anoche era un sueño largo y angustioso del que me desperté como a las seis y media de la mañana con ganas de un abrazo protector. No puedo decir exactamente qué era lo terrible del sueño. Iba con C para alguna parte por una calle que parecía la Candela pero era aquí mismo en BA. Creo que era al cumpleaños de PFI que íbamos. Luego de meternos por una calle equivocada y de terminar a la puerta de una vieja casita donde al parecer vivían Renata y su Abitbol, dimos marcha atrás y tratamos de llegar a la tal calle. En esas estábamos cuando se largó un aguacero de dios y señor mío. Rico mojarse y tratar de avanzar por entre el temporal. El único problema fue que se mojó el papelito donde estaba escrita la dirección y se deshizo, quedando nosotros a la deriva. Por algún motivo entramos a la casa de alguien conocido para pedir el teléfono y llamar a la casa para recuperar la dirección. Había como una fiesta en esa casa, que más que una casa era una casona inmensa, con candelabros colgados del techo y toda una parafernalia de casa antigua y embrujada. Nos recibieron cortésmente y por supuesto que pueden usar el teléfono, aunque era monedero y tenía un sistema absurdamente complicado que nunca llegué a comprender del todo. Mientras tanto montábamos en una especie de juego de parque de diversiones, colgados del techo y dando vueltas. Entre intento e intento de llamada se fue pasando el tiempo y se iba haciendo noche, con la clara conciencia de que cada vez había menos posibilidades de terminar en el cumpleaños del amigo. Pues bueno, dadas las circunstancias era más sano pasarla bien y Céu a veces se me perdía de vista y a veces se convertía directamente en NEG. En algún momento apareció Who muy animada y dispuesta a pachanguear, al parecer sola. La perdí de vista un rato, y buscando algo para Céu en su mochila me encontré con toda clase de aditamentos eróticos que ni catálogo de Sex shop. Al parecer ella tenía todo preparado para pasarla bien esa noche. Al rato la vi saliendo de la mano de un tal Mazorra, y hablaban de ir a la casa de ella. Pero al tipo como que se le arrugó la habichuela en el momento definitivo y decidió quedarse allí, en la fiesta, practicando otro deporte menos extremo. Who se fue notablemente desilusionada. Luego me la encontré en el hall de salida con nada menos que el gringuito, que estaba barbado y canoso. No lo había visto antes. Es que estaba encerrado en el cuarto de la música tocando largas sonatas de piano para apaciguar su melancolía. Melancolía era en verdad lo que se veía en sus ojos y en todo su cuerpo, que estaba como encorvado y envejecido. Algún comentario intercambiamos, lo suficiente para que yo notara precisamente ese estado de ánimo en él. Luego se fueron y la fiesta siguió y había algún rollo muy divertido con los gatos, pero creo que nosotros también nos fuimos, seguramente de regreso a casa, disueltas las posibilidades de llegar al cumpleaños por culpa del teléfono que no comunicaba y la hora, que ya estaba bastante avanzada y que recomendaba un poco de sueño para el C.
En otro momento (ya en casa, pero no estoy seguro que se tratara del mismo sueño) había un rollo con un video que se había quedado enredado en la casetera. La cinta del video no era cinta común y corriente, más parecía un collar de cuentas, quizás hasta una camándula pero del estilo super-death. Tirando del casette logré sacarlo de la cassetera, pero adentro se quedaron varias cuentas. Era evidentemente un video sagrado, algo que ver con el rockanroll quizás. Pero no había nada que hacerle. Saqué como pude algunas de las cuentas de adentro de la máquina y dejé para el amanecer la tarea de arreglarlo todo como mejor pudiera.
Siento bárbaramente la falta de los amigos, la soledad en la que me encuentro agazapado con los dos gatos únicamente. La falta de esos dos grupos de amigos que quedaron tan tajantemente separados por circunstancias sociales en la primera juventud. Eso creo que se evidencia en el sueño, la imposibilidad de llegar al cumpleaños de P y al tiempo la ausente presencia de Who. Amigos que nacen de la circunstancia, de la convivencia en el camino de la educación o en el camino de la profesión (o de la vocación). Acá en la distancia me pregunto cómo se hace para hacer amigos, creo que eso es algo que nunca aprendí del todo. Quizás valdría la pena salir a la calle e intentarlo de una manera u de otra. Quebrar las costumbres, la cáscara de la rutina que hace casi imposible la ocurrencia de instancias que le abran paso al nacimiento de la amistad. Quizás hablar con extraños en la calle, algo que no hago nunca y que se me dificulta inmensamente. De alguna manera conocer gente, explorar, darme a conocer, y tal vez terminar en algún tipo de encuentro posible, de coincidencia emocional o espiritual que lleve a la amistad. ¿Qué será un amigo en estas circunstancias? Ahora únicamente puedo pensar en los amigos como en personas que existen en la distancia, con las que a veces ocurre la comunicación incorpórea/disembodied que posibilitan medios como el correo electrónico, el teléfono, la carta. Tampoco siento que tenga un espacio que considere mío para poder desarrollar esas amistades. Un espacio físico, quiero decir. Mientras más lo pienso más creo que para posibilitar la amistad en estas circunstancias voy a tener que experimentar algo nuevo, un nuevo acercamiento, un nuevo espacio, una nueva forma de mirar y de conocer y de conversar. Una nueva forma de ser amigos.
En otro momento (ya en casa, pero no estoy seguro que se tratara del mismo sueño) había un rollo con un video que se había quedado enredado en la casetera. La cinta del video no era cinta común y corriente, más parecía un collar de cuentas, quizás hasta una camándula pero del estilo super-death. Tirando del casette logré sacarlo de la cassetera, pero adentro se quedaron varias cuentas. Era evidentemente un video sagrado, algo que ver con el rockanroll quizás. Pero no había nada que hacerle. Saqué como pude algunas de las cuentas de adentro de la máquina y dejé para el amanecer la tarea de arreglarlo todo como mejor pudiera.
Siento bárbaramente la falta de los amigos, la soledad en la que me encuentro agazapado con los dos gatos únicamente. La falta de esos dos grupos de amigos que quedaron tan tajantemente separados por circunstancias sociales en la primera juventud. Eso creo que se evidencia en el sueño, la imposibilidad de llegar al cumpleaños de P y al tiempo la ausente presencia de Who. Amigos que nacen de la circunstancia, de la convivencia en el camino de la educación o en el camino de la profesión (o de la vocación). Acá en la distancia me pregunto cómo se hace para hacer amigos, creo que eso es algo que nunca aprendí del todo. Quizás valdría la pena salir a la calle e intentarlo de una manera u de otra. Quebrar las costumbres, la cáscara de la rutina que hace casi imposible la ocurrencia de instancias que le abran paso al nacimiento de la amistad. Quizás hablar con extraños en la calle, algo que no hago nunca y que se me dificulta inmensamente. De alguna manera conocer gente, explorar, darme a conocer, y tal vez terminar en algún tipo de encuentro posible, de coincidencia emocional o espiritual que lleve a la amistad. ¿Qué será un amigo en estas circunstancias? Ahora únicamente puedo pensar en los amigos como en personas que existen en la distancia, con las que a veces ocurre la comunicación incorpórea/disembodied que posibilitan medios como el correo electrónico, el teléfono, la carta. Tampoco siento que tenga un espacio que considere mío para poder desarrollar esas amistades. Un espacio físico, quiero decir. Mientras más lo pienso más creo que para posibilitar la amistad en estas circunstancias voy a tener que experimentar algo nuevo, un nuevo acercamiento, un nuevo espacio, una nueva forma de mirar y de conocer y de conversar. Una nueva forma de ser amigos.

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