Veinticinco
“El que sabe cómo vivir puede caminar al extranjero/sin temor al rinoceronte ni al tigre./No será herido en la batalla./Porque el rinoceronte no puede hallar en él un lugar para clavar su cuerno,/Los tigres no hallan dónde usar sus garras,/Y las armas ningún lugar para penetrar./. . . /Porque no posee un lugar para que la muerte entre”. (Lao Tzu, Tao Te Ching, Trad. Gia-Fu Feng y Jane English (New York: Vintage, 1997), Poema 50.)
Porque sabe cómo vivir, porque no posee un lugar para que la muerte entre, puede viajar, puede deambular entre lo desconocido, lo extraño, lo ajeno, puede ser extranjero o puede estar – da lo mismo – en casa en cualquier parte, seguro siempre porque la seguridad ha dejado de ser una obsesión. “Saber cómo vivir” es “no poseer un lugar para que la muere entre” es no tener miedo, es no estar atado a nada.
Pasa por debajo de estas banderas, les da la espalda, las elude, notando no las palabras, sino el tejido de los hilos, el curioso juego fugaz de la oscuridad y la luz que se da bajo un doblez producido por el soplo del viento. La “vida” se le revela como un proceso concreto. Vive sabiendo cómo vivir aquí, ahora, en una espesura de moléculas pujantes, siempre presente, nunca evadiéndose hacia un futuro (miedo o esperanza), nunca deslizándose hacia atrás, babosa, hasta el pasado (remordimiento o satisfacción); se mueve en el aquí y el ahora, donde la vida se desdobla incesantemente y las puertas de la muerte mágicamente se disuelven. Sin temor, experimenta y juega con lo desconocido ante sus ojos lentos y abiertos.
Del libro Living Invention or the Way of Julio Cortázar de Santiago Colás
capítulo Veinticinco
Porque sabe cómo vivir, porque no posee un lugar para que la muerte entre, puede viajar, puede deambular entre lo desconocido, lo extraño, lo ajeno, puede ser extranjero o puede estar – da lo mismo – en casa en cualquier parte, seguro siempre porque la seguridad ha dejado de ser una obsesión. “Saber cómo vivir” es “no poseer un lugar para que la muere entre” es no tener miedo, es no estar atado a nada.
Pasa por debajo de estas banderas, les da la espalda, las elude, notando no las palabras, sino el tejido de los hilos, el curioso juego fugaz de la oscuridad y la luz que se da bajo un doblez producido por el soplo del viento. La “vida” se le revela como un proceso concreto. Vive sabiendo cómo vivir aquí, ahora, en una espesura de moléculas pujantes, siempre presente, nunca evadiéndose hacia un futuro (miedo o esperanza), nunca deslizándose hacia atrás, babosa, hasta el pasado (remordimiento o satisfacción); se mueve en el aquí y el ahora, donde la vida se desdobla incesantemente y las puertas de la muerte mágicamente se disuelven. Sin temor, experimenta y juega con lo desconocido ante sus ojos lentos y abiertos.
Del libro Living Invention or the Way of Julio Cortázar de Santiago Colás
capítulo Veinticinco

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