sexta-feira, maio 20, 2005

Nada

Silencio...

Sonrisa.

Una voz azul
como el tren al que me subo
rumbo al trabajo, a la molienda,

me recuerda, me dice, me confía
aquello que acabo de decirme:

"no hacer nada, inmovilizarse hasta el punto de
no pensar nada, es la mejor manera
de alcanzar la divinidad"

...

Perder el tiempo...
una forma de ganarlo".


Alguien en bicicleta
pedalea
y mira un paisaje
pasar

"ese tiempo otro,
ese transcurrir de la nada,
es un tiempo no narrable,
no permeable al relato"

("La nada de los otros", MB, JD y AS. Foto(s) MH)


Y tres, cuatro, cinco estaciones más adelante:

"La gente de la cuadra se pregunta
por qué no voy al trabajo, y me ven dando vueltas,
podando arbustos o pintando el cerco en vez de
trabajar en una fábrica. Pero yo soy un escritor".

(Ese es el finadito S. Bellow traslapado por E. Cross)

Y yo: ¿es que necesito autorización para hacer
nada?

Así me bajo del tren y camino por entre el mar de gente que sale del trabajo
y comienza
el regreso a la casa.

Yo en cambio, hasta ahora empiezo.
Y esta vez,
sonrío.